La situación geográfica de Cristóbal en las faldas del Sistema Central determina un paisaje en su mayor parte montuoso, lo que favorece la existencia de bosques de castaños y robles, que prestan su fisonomía al paisaje y permiten albergar una espléndida fauna silvestre, especialmente en las zonas más abruptas con difíciles accesos.
La flora está representada por una amplia variedad de árboles y arbustos como los bosques de castaños y robles, sobre todo las zonas más abruptas situadas al oeste y al norte. También encontramos abundantes fresnos, nogales, encinas, quejigos, avanzos y madroños. Se complementa con árboles frutales sobre todo cerezos, ciruelos, nogales y manzanos. Amplias extensiones están destinadas a pasto o forraje para el ganado.

El castaño se ha convertido en uno de los árboles más abundantes a partir de la reflorestación llevada a cabo a mediados del siglo XVIII en aquellas zonas más afectadas por la tala incontrolada y los incendios. Más tarde, en la época de Carlos III, se amplió la reforestación y se extendió la siembra de castaños a otros municipios colindantes.

El roble forma con el castaño los bosques de Cristóbal y de toda la Sierra. A pesar de que ha sido sometido a numerosas cortas, aún podemos encontrar en el término municipal muchas masas frondosas. Las ramas y las bellotas, constituyen un pienso excelente tanto para cerdos como para grandes y pequeños rumiantes.

La fauna también tiene una amplia presencia con especies silvestres como el zorro, el lince, la garduña o la gineta. Las zonas boscosas, sin presencia humana, favoreció y favorece la existencia de especies salvajes.

El oso habitó los montes y bosques de Cristóbal hasta finales del siglo XV. Alfonso IX en su Libro de Montería, escrito hacia 1340, señala que en los montes de la comarca se podían cazar osos. Pero el crecimiento de la población y la roturación de terrenos para la agricultura y la ganadería fueron factores determinantes de la desaparición de estos plantígrados.

El lobo, fue habitante asiduo de las zonas montuosas y boscosas de Cristóbal hasta su desaparición a finales de la década de 1950. Hasta tal punto, que incluso las figuras grotescas que coronan el campanario de la iglesia, son consideramos por muchos como cabezas de lobos y así se recoge en el escudo del municipio. La persecución a que fue sometido y la disminución de la cabaña ganadera motivó su desaparición.

El zorro es un mamífero carnívoro de la familia de los cánidos bastante abundante en la zona, sobre todo a partir de la desaparición del lobo y la rarefacción del lince.

El lince y el gato montés son mamíferos carnívoros de la familia de los félidos. Habitan la zona más occidental del municipio, en las proximidades del río Sangusín, en las zonas de confluencia de los municipios de Cristóbal, Molinillo y Pinedas. Sin embargo, sus posibilidades de supervivencia son muy escasas.

El gato montes es un mamífero carnívoro de la familia de los félidos que extiende su territorio por la práctica totalidad del término municipal, salvo en las cercanías del pueblo. Es una especie protegida, aunque su supervivencia está muy amenazada dada la escasez de parejas existentes.

La nutria junto con el tejón, la garduña, el turón y la comadreja forman el grupo de los mamíferos carnívoros de la familia de los mustélidos presente en el término municipal de Cristóbal. La nutria ha recuperado su presencia en el río Sangusín, y en algunos arroyos como el de Valhondo, la Pinosa o las Chorreras.

La gineta es un mamífero carnívoro perteneciente a la familia de los vivérridos. La gineta está presente en distintos puntos del término desde el Riscal hasta Cabeza del Águila y desde el Reventón a Valhondo.

El jabalí podemos observarlo en las zonas más escabrosas, aunque no podemos precisar el número de ejemplares que pueda existir.

El ciervo apenas tiene ejemplares ya que los que puedan encontrarse proceden de algún coto de caza que ha sido repoblado con esta especie de cérvido.

La cabra montés cuenta con algún ejemplar proveniente de repoblaciones realizadas en zonas limítrofes.

El conejo y la liebre son las dos especies más abundantes de caza menor.

Las aves rapaces tanto diurnas como nocturnas encuentran en las características topográficas y ecológicas del terreno las cualidades adecuadas para su desenvolvimiento.

Entre las rapaces diurnas cabe citar el águila real, el águila imperial, el milano, el azor, el gavilán y el alcotán.

Entre las rapaces nocturnas tenemos el búho real, el búho chico, el cárabo, el mochuelo, el autillo, la lechuza común y la lechuza campestre y la coruja.

Dentro de las aves migratorias cruzan los terrenos de Cristóbal la grulla y el ánsar común y de vez en cuando, alguna espátula.

Entre las aves cinegéticas podemos señalar la perdiz roja, la paloma torcaz y la tórtola. Algunas codornices y muy escasas becadas.

Dentro de las aves ligadas al medio acuático tenemos el mirlo acuático y el martín pescador en torno al curso del río Sangusín. Otras aves que podemos observar en los cursos de agua y en los humedales son la garza real, el pato común, la polla de agua, la cigüeña blanca y la cigüeña negra, el andarríos y la lavandera.

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